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Pon a Dios en primer lugar, incluso cuando la vida no tenga sentido

Pon a Dios en primer lugar, incluso cuando la vida no tenga sentido

Existe una versión de la fe que suena muy bien en la iglesia, pero que flaquea en la vida real.

Es fácil decir «Dios por encima de todo» cuando las cosas funcionan.

Cuando el dinero entra, cuando el camino está despejado y cuando la vida se siente estable.

Pero, ¿qué pasa cuando nada funciona?

¿Cuando te esfuerzas, rezas, insistes... y sigues sin ver resultados?

Ahí es donde esa afirmación se pone a prueba.

¿Qué significa realmente «Dios por encima de todo»?

No significa que la vida vaya a ser perfecta.

Significa que Dios sigue en primer lugar:

Cuando estás confundido

Cuando te retrasas

Cuando tienes dudas

Significa que no relegas a Dios al segundo puesto solo porque la vida se ha vuelto difícil.

Mucha gente no pierde la fe: simplemente la sustituye poco a poco por la preocupación, el control y el miedo.

La verdadera lucha: confianza frente a control

La mayoría de nosotros no tenemos un problema de disciplina, sino un problema de control.

Queremos:

Plazos claros

Resultados garantizados

Respuestas inmediatas

Pero la fe no funciona así.

Filipenses 4:6 dice que no nos angustiemos por nada, sino que lo presentemos todo ante Dios en oración. Suena sencillo, pero no es fácil.

Porque significa:

Dejar de darle vueltas a las cosas

Dejar de forzar los resultados

Dejar que Dios se encargue de lo que tú no puedes

Cuando Dios parece estar en silencio

Aquí es donde la mayoría de la gente se rinde.

Rezas. Nada cambia.

Esperas. Sigue sin pasar nada.

Y poco a poco empiezas a pensar: «Quizá esto no esté funcionando».

Pero el silencio no es ausencia.

Dios no reacciona según tus tiempos. Él trabaja en un plan mucho más grande que aún no alcanzas a ver por completo.

Fíjate en José en la Biblia:

Traicionado

Vendido

Encarcelado

Durante años, nada tenía sentido.

Pero todo estaba contribuyendo a algo mayor.

Mantente arraigado, no reactivo

El Salmo 1 describe a la persona que confía en Dios como un árbol plantado junto al agua: firme, constante y fructífero.

No porque la vida sea fácil.

Sino porque sus cimientos son fuertes.

Ese es el objetivo: No una fe emocional.

No una fe basada en las circunstancias.

Sino una fe arraigada.

Qué deberías hacer realmente

Haz que sea algo sencillo y real:

Reza incluso cuando no tengas ganas

Busca la constancia, no la perfección

Confía en Dios aunque los resultados tarden en llegar

Deja de juzgar a Dios basándote en tu situación actual

La fe crece en la constancia, no en la intensidad.

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