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La fuerza silenciosa de esperar en Dios

En un mundo que rinde culto a la velocidad, la espera puede parecer un fracaso.

Queremos respuestas instantáneas, éxito inmediato, sanación hoy mismo y milagros de la noche a la mañana. Las redes sociales nos recuerdan constantemente que otros se casan, consiguen el trabajo de sus sueños, compran una casa o alcanzan metas por las que nosotros llevamos años orando.

Es fácil llegar a creer que Dios se ha olvidado de nosotros simplemente porque nuestros tiempos no coinciden con los de los demás.

Pero Dios nunca ha tenido prisa.

Los árboles más robustos tardan años en crecer. Los diamantes se forman bajo presión. El oro debe pasar por el fuego antes de brillar. Del mismo modo, Dios suele utilizar la espera para forjar el carácter capaz de sostener la bendición.

Esperar no es tiempo perdido.

Es una etapa de preparación.

Muchos personajes de la Biblia vivieron largos periodos de espera. Abraham esperó al hijo de la promesa. David fue ungido como rey mucho antes de sentarse en el trono. Moisés pasó décadas en el desierto antes de liderar a Israel. Incluso Jesús vivió en el anonimato unos treinta años antes de comenzar un ministerio que cambió el mundo.

Su espera no fue un castigo.

Fue su preparación.

A Dios le interesa mucho más en quién nos estamos convirtiendo que la rapidez con la que llegamos a la meta.

La parte difícil es que la preparación suele ocurrir en silencio. No hay aplausos, ni titulares, y a menudo no hay progreso visible. Sin embargo, entre bastidores, Dios está moldeando tu paciencia, fortaleciendo tu fe y enseñándote a depender de Él en lugar de tus propias capacidades.

El mundo dice: «Si no pasa nada, ríndete».

Dios dice: «Estad quietos, y conoced que yo soy Dios».

Habrá días en los que te sientas desanimado porque tus oraciones parezcan no tener respuesta. Habrá momentos en los que te preguntes por qué otros avanzan mientras tú sigues en el mismo sitio.

No confundas el silencio con la ausencia.

Que Dios esté callado no significa que no esté trabajando.

Algunos de sus mayores milagros comienzan donde termina la comprensión humana.

Quizá la oportunidad no ha llegado porque tu carácter aún está creciendo.

Quizá esa relación no ha surgido porque tu corazón todavía se está sanando.

Quizá el ascenso se retrasa porque Dios te está protegiendo de responsabilidades para las que aún no estás listo.

Sus tiempos nunca son aleatorios.

Cuando llegue el momento adecuado, lo que Dios ha preparado para ti no requerirá que fuerces ninguna puerta. Él sabe exactamente cuándo abrirlas.

Así que sigue orando.

Sigue aprendiendo.

Sigue sirviendo.

Sigue convirtiéndote en la persona que Dios te llama a ser.

La etapa de espera no durará para siempre.

Un día mirarás atrás y te darás cuenta de que lo que parecía un retraso era, en realidad, el tiempo perfecto de Dios. La etapa que puso a prueba tu fe se convirtió en la que más la fortaleció.

Confía en Él durante la espera.

Sus planes siempre valen la pena.

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